Fuerte como la muerte es el amor

2018. Adriana Hidalgo
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El mazo En el viejo café Cervantes sobre la plaza la sombra luminosa de mi padre me acompaña siempre he querido a este boliche sombrío donde los parroquianos varones juegan al mazo español o miran la televisión silenciosos y me dan permiso, Dios mío, de fumar adentro! aquí veníamos con el papá a tomar café y a él, no le daba vergüenza traer a su hija mujer la ruta al frente y la vieja estación de tren con la plaza al lado, ya suben las voces de estos machos y quisiera atrapar cada gesto o frase que se repite desde mi infancia a mi vejez ahora que ya se han olvidado de mi presencia con las cartas en la mesa y uno lee el diario dos toman cerveza o miran un documental sobre Tailandia y el mozo del bar y yo la octava pasajera con un noveno sentado atrás que ahora entra al café de la plaza, el más antiguo que conozco y siempre milagrosamente abierto, hay un tipo ahora en el reservadito tomando vino, y mujeres nunca, qué entretenida la rutina de los varones que ahora comparto con mi cuaderno de notas mientras el noveno se acerca a jugar una básica y hablan de una víbora no sé si será de Tailandia o de Zavalla pero todo tiene un sabor de aventura antigua que me dan ganas de reír y de llorar al mismo tiempo y ahí entra el barbero y Barrera detrás que se sienta en mi mesa mientras recuerda, octogenario ya, al Chevalier y a su mujer Hilda, amiga de mi mamá, encantador este Barrera, y otro, al que le reconozco la cara aunque no sé cómo se llama y me dice "acá se sentaba siempre tu papá, en esta silla, frente a vos", lo recuerdo, sí, mirando hacia la plaza... ustedes me trajeron, ¿verdad viejitos? y el dueño del bar que me ofrece ahora una copita que no me dejará pagar, tan grande y hondo, no sé --------------------------------------------------------------------------------------- Ella dice sí Me cuentan que el pequeño sauce llorón de dos metros que hice plantar este invierno en la casa de Zavalla ha sacado sus hojitas verdes iluminando por completo el jardín que se abate en las heladas me lo cuentan por teléfono mi hermana con una voz cristalina de gozo y es la noticia más bella que recibo de sus labios "¿lo querés un poco ahora?" le pregunto y ella dice "si" con la alegría que tendría la mamá por el fin del invierno y no ceso de pensar en Belkis, la vecina pintora y alma buena de mi pueblo que estará también svando hojitas como el sauce llorón al que amo sin conocerlo... --------------------------------------------------------------------------------------- Salpicón de plata Cada día a las once viene a visitarme aunque sean días de lluvia el colibrí y liba las flores blancas del jazmín del país enredado en la pared sobre los gigantes cuyas frentes asoman y un ojo aún me ve desde el negro de los gladiadores vuelto tumulto del verde ahora... arrecian las nubes oscuras del norte y los truenos agostan el rumor sutil de la naturaleza en los bajos del verde, dos mariposas se conqiuistan al vuelo como diciendo "a esto que siento no lo voltea ni siquiera la tormenta" y así pasan los días en el pueblo de Zavalla mientras espero la llegada de un poema que me salve del tedio de los días o espero a esa mujer que vendrá con sus alas nacaradas a volar tras de mí y yo tras ella como si fuéramos las viejas primeras que harán brillar la luna con su salpicón de plata

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